El tiempo no sabe volver atrás, pero yo no puedo dejarlo pasar.
Y es que mi mente no es capaz de entender que ese lugar ya no es, no está, no existe. Es un fue, un había sido. Pero yo sigo siendo, respirando, soñando, imaginando, anhelando...
Y es que recuerdo el hormigueo en la punta de los dedos, las palabras brotando a borbotones con el ritmo marcado, siempre con temor, impostoras pero ¡(me) curaban!
Y es que mi mente vuelve aunque yo no quiera y al final sé que voy a caer, volveré a bailar entre párrafos y espinas, entre nubes y cortinas, entre márgenes y líneas discontinuas. Palabras sueltas pero juntas porque suenan bien, y a veces, sin propósito, consigo que broten desde lo más profundo.
Y, enamorada, esperé ocupada, llegando tarde a todas partes. ¿Cómo podría describir mi vida sin ti? Te pensé, leí, escuché música. Quería ser elegida, amada, correspondida.
¡Y al final!
Lejos del ruido, las redes todo vuelve a tener sentido y la llama, oh, la ira en el estómago, la ansiedad en la garganta, el deseo, el dejarse llevar me son tan familiares, costumbres que no se olvidan. Tu tacto, tu huella, tu suave mecer. Todo vuelve, tú más, como el sol caliente sobre mi rostro y espalda tras días incontables de lluvia y cielo triste atemporal.
El tiempo no sabe volver, pero esta desesperación me hizo egoísta, cruel y ahora es un cuchillo.
Y siempre seré, temeré, volveré.
